El soldado de mayor rango de Reino Unido ha lanzado una de las advertencias públicas más directas de los últimos años sobre el estado de las defensas del país. El general Sir Roly Walker, jefe del Estado Mayor, dijo a unos 700 soldados en la guarnición de Catterick, en Yorkshire del Norte, que la nación va a necesitarlos, y que los líderes políticos pronto iniciarán una conversación franca con el público sobre los sacrificios necesarios para priorizar la defensa y la seguridad. Sus declaraciones, grabadas por el Servicio de Radiodifusión de las Fuerzas Británicas, fueron llamativas tanto por su tono como por su franqueza. Dijo que el mundo afrontaba un peligro extremo, que el oficio de soldado estaba volviendo a la psique de la nación y que se pediría a los ciudadanos que consintieran sacrificios para que las fuerzas armadas pudieran hacer su trabajo. El contexto importa: Walker se dirigía a tropas de la 1.ª División del Reino Unido, la fuerza global de respuesta rápida y ligera del ejército, que incluye paracaidistas y otras unidades que estarían entre las primeras desplegadas en una crisis. Les dijo que hubo un tiempo en que la nación no quería pensar en necesitar a sus soldados para luchar una guerra, pero que ese tiempo había pasado. Dijo que los líderes políticos pronto explicarían a los ciudadanos qué estaba pasando, dónde estaba el riesgo y qué debía estar dispuesta a hacer la nación. Intentarían explicar que los ciudadanos tenían que consentir sacrificios para priorizar la defensa y la seguridad, y que se pediría a los ciudadanos que respaldaran a los soldados que harían la lucha. La carga de combatir, dijo, recae directamente sobre los hombros de los soldados más inexpertos y jóvenes de las fuerzas terrestres, y sobre ellos descansaría la defensa de la nación si finalmente se les llamara a luchar.
Por qué ahora: el panorama de seguridad
Para entender por qué el jefe del ejército eligió este momento para una advertencia así, conviene mirar el panorama de seguridad más amplio. La guerra en Ucrania continúa, Rusia sigue siendo la amenaza militar más inmediata para Europa, y las tensiones en Oriente Medio y en el Indo-Pacífico se han sumado a una sensación de inestabilidad. Reino Unido, como la mayoría de los aliados de la OTAN, ha estado aumentando el gasto en defensa después de décadas en las que el dividendo de la paz permitió a los gobiernos reducir las fuerzas armadas y gastar los ahorros en otros ámbitos. El gobierno británico se ha comprometido a gastar el 3,5% de la renta nacional en defensa para 2035, frente a alrededor del 2,6% actual. Es un aumento grande en términos monetarios, pero lograrlo exige decisiones difíciles, porque cada libra extra para defensa debe salir de algún lugar, ya sea de impuestos más altos, de un crecimiento más lento de otros servicios públicos o de más endeudamiento.
El contexto político: una promesa pendiente
El discurso de Walker también aterrizó en un contexto político concreto. El gobierno heredó una promesa, hecha por primera vez por el ex primer ministro Sir Keir Starmer, de iniciar una conversación nacional sobre defensa. Esa promesa se hizo más de 18 meses antes de las declaraciones de Walker, y aún no había producido la discusión pública completa que se prometió. Mientras tanto, el primer ministro, Andy Burnham, ha sido presionado en el Parlamento sobre cuándo alcanzará el gasto en defensa el 3% de la renta nacional, y ha dicho a los diputados que esperen al Presupuesto del 28 de octubre para conocer los detalles. El canciller, John Healey, está preparando ese Presupuesto en un contexto fiscal difícil, con presión para apoyar a los hogares que afrontan el aumento del coste de la vida, al tiempo que busca margen para la defensa. La intervención de Walker puede leerse como un intento de crear espacio político para esas decisiones, diciendo al público, en lenguaje claro, que las amenazas son reales y que prepararse para ellas costará dinero.
Lo que no dijo: no anunció el servicio militar obligatorio
Uno de los elementos más comentados del discurso fue lo que Walker no dijo. No anunció el servicio militar obligatorio, ni sugirió que se movilizaría a civiles. Reino Unido no tiene servicio militar obligatorio desde el fin del Servicio Nacional en 1960, y no hay ninguna propuesta sobre la mesa para recuperarlo. Lo que Walker describió, en cambio, fue una idea más amplia de resiliencia nacional: que prepararse para la guerra no se trata solo de soldados y armas, sino de si la infraestructura, la industria, las cadenas de suministro y los servicios públicos del país podrían resistir un ataque grave o una crisis prolongada. Una investigación parlamentaria lanzada en julio ha estado examinando precisamente esa cuestión, y sus conclusiones alimentarán el debate sobre qué significa realmente estar preparado.
Qué significa “conversación franca” en la práctica
En la práctica, una “conversación franca” significa que el gobierno tendrá que explicar compensaciones incómodas: más dinero para defensa significa menos dinero para otra cosa, o más impuestos, o más deuda. Significa también explicar al público qué riesgos son reales, cuáles son exagerados y qué se espera de los ciudadanos más allá de pagar impuestos: desde la resiliencia de las comunidades hasta el apoyo a las familias de militares. Walker no fijó un calendario ni un formato para esa conversación, pero su mensaje fue que ya no puede posponerse. La advertencia encaja con el tono más duro que la OTAN adoptó en Varsovia y con la tensión social en Francia, dos señales de que Europa está recalibrando su postura de seguridad.
Qué observar a continuación
Observa el Presupuesto del 28 de octubre, que deberá concretar el camino hacia el 3,5% de gasto en defensa, y observa si el gobierno lanza por fin la conversación nacional prometida hace más de 18 meses. Observa también la reacción pública: si los ciudadanos aceptan el argumento de los sacrificios, o si la conversación se convierte en un debate sobre prioridades entre defensa, sanidad, educación y coste de la vida. En cualquier caso, el discurso de Catterick ya ha cambiado el tono del debate de defensa británico, de la gestión discreta a la advertencia abierta.